La Copa Mundial se supone que es un momento de alegría. Es uno de esos raros momentos en que la energía cambia y todos nos unimos. Nos reunimos con nuestras familias y compas en salas abarrotadas, nuestros bares de barrio favoritos y estadios para apoyar a nuestros equipos de fútbol. Para quienes crecimos amando el fútbol, vemos reflejados en esta plataforma global nuestro orgullo, cultura y resiliencia.
Por el Amor al Juego
Para nuestra gente, la Copa siempre ha significado algo más profundo. Nuestras comunidades han sido el corazón que ha hecho al fútbol lo que es hoy. En caminos de tierra, terrenos baldíos y parques públicos llenos de vida, hemos hecho nuestro el juego con lo que teníamos y con quienes estaban a nuestro alrededor. El fútbol nos recuerda de dónde venimos y nos conecta con quienes amamos, incluso a través de fronteras.
Por primera vez en la historia, la Copa se jugará a lo largo de un continente entero, con 104 partidos en 16 ciudades anfitrionas entre Canadá, México y Estados Unidos. Es un momento histórico, una celebración del juego bonito.

Pero aquí en los Estados Unidos, esa alegría ya está bajo amenaza. Mientras el resto del mundo se prepara para animar, ICE se está preparando para presentarse.
El Peligro que Representa ICE
El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) ya ha anunciado que ICE será parte de los “esfuerzos de seguridad” en los partidos de la Copa Mundial. Afirman que los agentes de ICE estarán ahí para mantener las cosas “seguras”. Pero sabemos bien lo que la versión de “seguridad” de ICE realmente significa.Hemos sido testigos de cómo separan a nuestras familias, allanan nuestros lugares de trabajo sin órdenes judiciales y detienen incluso a menores.
El caso del portero de Austin, Luis Fernando Chavarría, lo dice todo: un joven que jugaba en el equipo de fútbol de su escuela secundaria, ahora está detenido después de ser parado por tener un sticker de registro expirado mientras volvía de un turno nocturno en un local de comida rápida. Esto no es seguridad, es crueldad. ICE ha pasado décadas desestabilizando nuestras comunidades. Lo que hacen es generar miedo: en nuestros hogares, en nuestros desplazamientos al trabajo y ahora incluso en nuestros momentos de celebración.

Su verdadera intención siempre ha sido clara. La idea de ICE de “mantener las cosas seguras” se traduce en hostigamiento, vigilancia y encarcelamiento de las mismas comunidades que hacen que este país– y este deporte– sean lo que son. Desde redadas que atacan a trabajadores tratando de mantener a sus familias, hasta los centros de detención como Dilley, donde niños y familias son retenidos en condiciones deshumanizantes, su historial brutal es imposible de ignorar.
ICE Interfiere con los Trabajadores y Nuestra Comunidad
Durante el cierre parcial del gobierno que dejó a los trabajadores del TSA sin pago por 44 días, los agentes de ICE se pasearon por aeropuertos de todo el país. En lugar de ayudar a resolver el caos en los puestos de seguridad que estaban con poco personal las redes sociales se llenaron de publicaciones de viajeros mostrando a agentes caminando sin rumbo. Estaban posando para las cámaras cuando se daban cuenta de que los estaban grabando y negándose a explicar cuál era realmente su función cuando se les confrontaba entre las puertas de embarque. Mientras tanto, las filas seguían siendo interminables, familias enteras perdían sus vuelos y todo el sistema colgaba de un hilo.

Tampoco olvidemos lo que hicieron en el Super Bowl. ICE apareció ahí también, no para proteger a nadie o manejar amenazas reales de seguridad, sino para hacer un show publicitario, igual que el espectáculo que montaron en julio pasado en el MacArthur Park de Los Ángeles. Colocaron agentes estratégicamente cerca del estadio Levi’s, en California, para tomar fotos llamativas en alta resolución y usaron fondos públicos para financiar estas maniobras, únicamente para aparentar poder.
Ahora quieren hacer lo mismo durante los partidos de fútbol más importantes del año, sabiendo que tendrán a los ojos del mundo enfocados sobre ellos.
El patrón es evidente y no nos engañan. ICE aparece, presume frente a las cámaras, toma fotos para sus redes sociales y lo llama “seguridad”, sin ofrecer absolutamente nada a cambio. Lo único que realmente logran es crear miedo. Este miedo hace que los trabajadores duden en presentarse a sus trabajos; hace que las familias piensen dos veces antes de salir de sus hogares para unirse a fiestas locales para ver los partidos; y hace que comunidades enteras sientan que no pertenecen en los mismos espacios que construyeron.
Es la misma táctica que ICE usa una y otra vez: aparecer, interrumpir y propagar miedo. Pero estamos resistiendo. Pero los aficionados de todo el mundo, junto con los trabajadores de las dieciséis ciudades anfitrionas de Estados Unidos y de otros lugares, se están resistiendo a ello.
El Fútbol Para y Por la Gente
En el centro de nuestra lucha por mantener La Copa para nuestras comunidades están los trabajadores. Ellos son la fuerza que hace posible cada partido de fútbol. Los trabajadores que limpian y preparan los estadios, atienden los hoteles, sirven la comida y mucho más. Ellos se aseguran de que todo funcione tras bambalinas y son la columna vertebral de este momento histórico. Sin ellos, no hay Mundial.
Para los trabajadores, incluso la idea de que ICE esté cerca genera una presión inmensa que los obliga a cuestionarlo todo. Imagina dirigirte a un turno, intentar hacer tu trabajo, pero con pensamientos constantes en el fondo de tu mente. Te preguntas si el siguiente golpe en la puerta, o una interacción inesperada, puede ser ese momento que lo cambie todo y desmorone la vida de tu familia.

Para algunos, el miedo llega a ser demasiado. Deciden faltar a sus turnos, pierden su salario y ponen en peligro la estabilidad de sus hogares porque los riesgos son demasiado altos. Y para quienes sí logran presentarse a trabajar, el miedo sigue ahí. Es una sombra que los acompaña en cada paso de su jornada laboral. Levantar la voz sobre condiciones inseguras, salarios bajos o jefes explotadores ya es difícil de por sí para los trabajadores que solo buscan sobrevivir. Pero cuando ICE entra en la ecuación, se vuelve casi imposible.
Eso es precisamente lo que estas agencias buscan. Un miedo que atrapa a los trabajadores en silencio, que los hace sentir demasiado asustados para exigir la dignidad y las protecciones que merecen.
Los Trabajadores Están Afirmando Su Poder
Como hemos visto a lo largo de la historia de los movimientos sociales, en nuestros propios vecindarios y en cada espacio donde nuestra gente ha sido oprimida, los trabajadores se están levantando. Están organizándose, luchando y negándose a dejar que este momento histórico los pase de largo.
En las ciudades anfitrionas de toda Norteamérica, los trabajadores se rehúsan a aceptar que las ganancias de la FIFA vengan a costa de su seguridad y dignidad. En Los Ángeles, los trabajadores de UNITE HERE Local 11 en el estadio SoFi (donde las suites privadas para los partidos están costando $200,000 cada una) han dejado claro que están preparados para irse a huelga si ICE se presenta en los partidos. También han denunciado públicamente el proceso intrusivo de acreditación de la FIFA, que obliga a los trabajadores a proporcionar su información personal sin ninguna protección contra un uso indebido o garantías de que no será compartida con agencias como ICE.

En Miami, los sindicatos de trabajadores están exigiendo lo que han llamado un acuerdo de paz laboral, que incluye salarios justos, condiciones seguras y recursos de salud mental. También están impulsando la contratación local para los siete partidos que la ciudad será anfitriona, incluido el partido por la medalla de bronce. En Atlanta, los grupos laborales y defensores de la comunidad están exigiendo inversiones en vivienda asequible, mejoras en la infraestructura y un compromiso de los líderes locales para fortalecer las políticas que se oponen a ICE.
Mientras tanto, en la Ciudad de México, los maestros están planeando huelgas durante el torneo para exigir reformas largamente esperadas a las pensiones, salarios justos y al sistema educativo. Al norte, en Toronto, los trabajadores de mantenimiento del TTC están luchando por salarios justos y mejores horarios, sabiendo que miles de turistas y visitantes dependerán de su labor para mantener el sistema de transporte público funcionando y garantizar el acceso a los partidos.
En cada ciudad anfitriona, el mensaje es claro. Los trabajadores y sus aliados comunitarios no permitirán que este torneo masivo obtenga ganancias en nuestras ciudades sin exigir dignidad respaldada por protecciones reales, no solo discursos vacíos. Aunque FIFA espera generar $13 mil millones al cierre del ciclo de cuatro años que culmina con esta Copa Mundial, esas ganancias no serán a costa de nuestra gente.

Es Nuestra Copa
La Copa Mundial nunca fue pensada como un lugar para el miedo, y juntas y juntos, nos estamos negando a que lo sea. Momentos como este deben existir para levantar la esperanza, el orgullo y la unidad que el fútbol trae a tantas personas alrededor del mundo. La Copa debe ser un espacio donde todos los fans puedan disfrutar del talento extraordinario que se despliega en las canchas. Ahora mismo, agencias irresponsables como ICE y las corporaciones que ponen sus ganancias por encima de las personas intentan arrebatarnos eso. Quieren hacernos creer que, incluso en los espacios que no existirían sin nosotros, nuestra pertenencia depende únicamente de ellos.
Pero los trabajadores están levantándose para decir que no. Sindicatos, organizadores y comunidades están mostrando su fuerza para recordarle al mundo, especialmente a ICE y a la FIFA, a quién pertenece realmente este torneo. La Copa pertenece a la gente. Pertenece a los trabajadores que la hacen posible. Pertenece a los fans y a las comunidades que han construido este juego desde cero. Pertenece a nosotros.

La resiliencia, solidaridad y creatividad que hemos visto en las calles y en línea mientras nos preparamos para el inicio oficial del torneo han sido asombrosas. Y nos han dejado claro algo muy importante: no podemos retroceder. Este es el momento para encontrarnos con nuestra gente donde sea necesario, organizarnos y ganar lo que merecemos.
Si estás listo para unirte, hay un espacio para ti en la campaña Nuestra Copa de Mijente Comite y Working Families Power. Visita nuestro centro digital donde encontrarás todo lo que necesitas para organizar una fiesta para ver los partidos, reunir a tus compas y apoyar a tu equipo mientras construyes poder para nuestras comunidades.
También puedes unirte a nosotros para garantizar que cada uno de la fanaticada que hacen de La Copa lo que es, estén protegidos este verano. Si este momento va a ser de la fanaticada, debemos asegurarnos de que todos los aficionados, en cualquier lugar, puedan participar y celebrar de manera segura y con dignidad.
Ojo:
Nos solidarizamos con la dignidad de todos los trabajadores (sindicalizados o no), porque cada forma de trabajo que mantiene nuestras comunidades en movimiento merece respeto y protección. Esto incluye a nuestros vendedores ambulantes, quienes diariamente luchan para alimentarnos, incluso frente a la criminalización y el hostigamiento. El trabajo de los vendedores ambulantes también es trabajo, desde nuestros fruteros y eloteros hasta los vendedores de hot dogs que prenden sus parrillas en los estacionamientos de los estadios mientras los fans regresan a casa.
Su trabajo es tan esencial como cualquier otro, y su lucha por la dignidad es parte de la lucha más amplia para proteger a todos los trabajadores que son subvalorados y explotados. De las calles a los estadios, cada trabajador merece seguridad, respeto y solidaridad.
Mantente atente a nuestro próximo blog post, donde destacaremos los esfuerzos actuales para proteger a todos los trabajadores que hacen que nuestros eventos deportivos sean lo que son.